Después de un largo y ajetreado día, cuando el sol comienza a descender, los santiaguinos regresan a sus casas en busca de la tranquilidad del hogar y depositando todo el cansancio del día en un sueño profundo y reparador cuando ya está encima la noche. Pero el esquema de esa rutina se rompe en muchos sectores de Santiago, cuando cada vez hay menos personas en las calles producto del ocaso, salen a escena personajes peculiares en nuestra capital que muchos quisieran mayor dignidad para ellos, ya sea porque no les agradan o temen, porque “afean” esa cara bonita del Santiago a pocos años de su bicentenario o también por un mínimo de conciencia social hacia ellos. Son los vagabundos que habitan nuestra ciudad que vemos a diario, y que, tal vez de manera inconsciente, hacemos que pasen inadvertidos en nuestras vidas. Sé que no es culpa de las demás personas que ellos estén viviendo en esas condiciones, así como también sé que no está cien por ciento en nosotros el poder ayudarlos, pero no es un tema menor, y no se puede pasar por alto.Tal vez nuestros prejuicios como ciudadanos sean problema en el momento de referirnos a ellos, pero también influye mucho en la existencia de “charlatanes” que sólo hacen que los capitalinos engloben a todos dentro de ese grupo de personas. Otro factor importante es el que la población piense que las personas indigentes están en esa condición por que son flojos o porque ellos se o buscaron. Ante eso hay que partir de la base de que hay que juzgar con fundamentos y si bien puede haber casos de ese tipo, también hay que considerar a los que quizás tienen una historia de vida muy diferente a lo que la mayoría nos podemos imaginar.
Cualquiera sea el motivo de esta situación tan indigna para ellos, debemos poner de nuestra parte, hay que pensar que nunca se sabe lo que nos podrá pasar mañana ¿y si nos viéramos por un momento durmiendo en una banca tapados con un cartón?